Aranguren quiere equiparar el GNC con la nafta y el sector advierte que es «el comienzo del final»

El ministro de Energía Juan José Aranguren dejó en claro su posición sobre el GNC: el combustible debe costar lo mismo que la nafta. «A igual poder calórico, precio similar», dijo durante un almuerzo organizado por la Fundación Mediterránea en Buenos Aires. Para los empresarios del sector, la declaración confirma sus peores temores.

En los últimos doce meses el precio de la nafta aumentó un 40% mientras que el GNC subió un 90%. Con la suba prevista para octubre, el metro cúbico pasará a costar alrededor del 70% del precio del litro de nafta. «Será un punto de inflexión y el comienzo del final del sector», advirtió Raúl Castellanos, secretario de la Cámara de Empresarios de Combustibles.

El ministro justificó su postura en que la Argentina importa el 30% del gas que consume y que no tiene lógica «importar gas para que anden los autos.» Desde el Ministerio de Energía ratificaron a La Nación que la política oficial apunta a que los precios entre combustibles sean «más justos» y se acerquen entre sí.

El impacto sería enorme. En el país hay 1,75 millones de autos con equipos de GNC y 1.900 estaciones de servicio que venden el combustible. Instalar un equipo cuesta en promedio $20.000. Castellanos proyectó que en abril de 2018 los precios podrían quedar prácticamente parejos, lo que haría inviable la conversión de vehículos. Ya hay cierres de talleres de equipos y estima que podrían cerrar unas 1.200 estaciones de servicio — el 20% del total — cuya ecuación no funciona con un solo combustible.

El GNC es una política de Estado que nació hace 33 años, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, como plan de sustitución de combustibles líquidos. Nunca implicó un subsidio estatal directo. Argentina es líder mundial en tecnología para este combustible — un liderazgo que el sector teme perder.

«El que puede pagar la nafta lo hace», dijo el dirigente Navas. «El GNC lo eligen taxistas, remiseros, viajantes y trabajadores.» Para ellos, la política del ministerio implica un castigo doble: aumentos fijados en dólares y exposición al tipo de cambio.

Cuando Castellanos le mencionó a Aranguren las inversiones hechas por el sector, la respuesta fue: «Si invirtieron todo eso, invirtieron equivocados, porque los autos están fabricados para andar a nafta.»

Fuente: La Nación

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