En plena cuarentena, con el sector del taxi en su peor crisis histórica, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires intentó reabrir SACTA — el sistema de control técnico de taxis — para realizar verificaciones. La viralización de la noticia desató la furia del sector y una convocatoria a manifestarse por parte de Taxistas Unidos. El gobierno dio marcha atrás.
Hace 72 horas, el sitio web oficial del gobierno indicaba que SACTA reabriría sus puertas. Las capturas de pantalla se viralizaron en el sector y la Asociación Civil Taxistas Unidos convocó a una concentración frente a las instalaciones. Pocas horas después, el gobierno modificó el contenido de la página: la reapertura pasó a ser solo para «casos especiales» y de carácter voluntario.
El contexto en el que se tomó la decisión es contundente: los taxis que siguen circulando hacen cuatro o cinco viajes por jornada, que con suerte alcanzan para cubrir los gastos de combustible. La demanda la absorben plataformas ilegales que además obtuvieron permisos de circulación del Ministerio del Interior durante la cuarentena.
El rol de las entidades
Tras el retroceso del gobierno, los voceros de la Secretaría de Transporte — conocidos en el sector como las entidades del taxi — salieron a transmitir el mensaje de que la reapertura nunca había existido ni había sido la intención.
La explicación de fondo es económica: las gestorías realizan trámites y renovaciones, y sin los cursos de capacitación están perdiendo su principal fuente de ingreso. Según una fuente interna que prefirió no ser identificada, la desesperación llegó al punto de proponer al Secretario de Transporte dictar cursos al aire libre sobre desinfección y protección sanitaria.
El lunes 1° habrá una nueva manifestación a las 9 en Roca y Escalada, donde se reclamará que este año no se realicen verificaciones técnicas, no se renueven licencias y se suspendan los cursos — medidas que permitirían revalorizar las licencias de taxi.


